Una tarea para México


Obama debería aproximarse a Europa, Rusia y los demás países y pactar con ellos, primero, el respeto irrestricto al TNPN.

El problema de la amenaza nuclear es complicado incluso en el terreno de los planteamientos jurídicos, en el ámbito del derecho internacional. En cierto sentido, por ejemplo, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) nació con una fisura. Aun cuando un país permita las inspecciones internacionales a su programa de energía nuclear, puede acumular legalmente uranio enriquecido (o plutonio reprocesado) al amparo de un programa energético pacífico y luego declarar que las circunstancias han cambiado y retirarse del tratado.

En tal caso, estaría capacitado teóricamente para producir armas nucleares al poco tiempo, si esa fuera su verdadera intención. Los hay, sin embargo, que jamás han observado compromiso o tratado alguno, como Israel, que actúa en la absoluta impunidad que le ha brindado hasta ahora la protección incondicional de Washington, e incluso parece prepararse, con sus aliados estadunidenses y algunos gobiernos árabes sometidos, a lanzar un ataque ilegal e injustificado contra Irán.

De todo esto, Estados Unidos tiene la culpa principal: al anunciar su decisión de construir minibombas nucleares, al preparar taimadamente, a espaldas del mundo, la reanudación de las pruebas nucleares en el polígono de Nevada; el establecer en su estrategia la opción de los ataques preventivos, incluso nucleares, contra cualquier país que sea inclusive únicamente sospechoso de poseer armas de destrucción masiva o, peor aún, de poder llegar a producirlas, ha provocado una nueva escalada, en la que Rusia y China se preparan para no quedar indefensas. De hecho, los rusos disponen ya de un nuevo cohete balístico intercontinental capaz de superar las más modernas defensas estadunidenses.

El presidente Barack Obama debería aproximarse a Europa, Rusia y los demás países y pactar con ellos, primero, el respeto irrestricto al TNPN; y luego, ofrecer conjuntamente a Irán y a otros países en casos similares, un trato equitativo. ¿Cero armas nucleares? De acuerdo, pero en serio y para todos. Por eso planteaba en mi columna de la semana antepasada, un Tlatelolco que abarque al continente americano en su totalidad y no solamente a América Latina.

El acuerdo podría ser formalizado, por lo pronto, con una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que incluiría una cláusula potencialmente punitiva, en la que se haría constar que una mayor proliferación de las armas nucleares constituiría una amenaza a la paz de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas y que cualquier país que actuara en ese sentido sería objeto de sanciones.

Asimismo, llevaría un aliciente, en la garantía del acceso de Irán a los ámbitos no bélicos de la tecnología nuclear; la cancelación de todo tipo de sanciones; y una garantía de seguridad, si Irán prescinde de las armas nucleares. Claro que el compromiso a un plazo más largo, tendría que comenzar por crear una zona libre de armas nucleares en el Medio Oiente, en la que forzosamente quedaría incluido Israel.

Dada la suspicacia iraní con respecto a Estados Unidos, un país como México, que conserva algún prestigio internacional, pese a los errores garrafales de la decena trágica panista, podría llevar a cabo una sutil campaña diplomática para convencer a Europa y Rusia de que lanzaran la propuesta; luego, Washington podría sumarse a ella.

En vista de la escasez de cuestiones sobre las cuales existen acuerdos reales entre Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea y las Naciones Unidas, semejante propuesta posibilitaría una rara ocasión de alcanzar una solución multilateral sobre un asunto vital. El gobierno mexicano que lograra este objetivo, recibiría un importantísimo capital político para afianzar sus propias prioridades internacionales, con repercusiones inmediatas y directas en el ámbito nacional.

Para lograr lo anterior, un primer paso fundamental sería que México se involucrara con mayor presencia y asiduidad en la promoción del TNPN y de los objetivos de la New Agenda Coalition, lo cual parece imposible en lo que resta del catastrófico sexenio de Felipe Calderón.


*Presidente del CLAEI.

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